¬°PREFIEREN IRSE! Migrantes temen m√°s a la crisis nacional que al Covid-19

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Migrantes, caminantes, viajeros, emigrantes. De muchas formas se identifica a quienes dejan su vida atr√°s en Venezuela, quienes con un bolso en mano y muchas esperanzas, emprenden un camino hacia tierras extranjeras. El hambre, la falta de servicios p√ļblicos, las erradas pol√≠ticas gubernamentales de Nicol√°s Maduro que han derivado en la p√©rdida del poder adquisitivo y el desasosiego al ver crecer a sus hijos y hermanos sin un futuro los impulsa a aventurarse a pesar de los peligros y la pandemia.

Muchos dicen que el coronavirus no es nada comparado con lo que se vive en el país. Prefieren huir de la miseria porque esa sí los va a matar. Cada grupo de caminantes que se encuentra en hilera en la carretera Transandina repite una y otra vez la misma frase, ya en Venezuela no hay nada qué hacer.

¬ęNos vamos por la situaci√≥n que estamos pasando en nuestro pa√≠s. No hay trabajo, la plata no alcanza. Por eso decidimos irnos del pa√≠s¬Ľ, dijo Franyer Manuel, quien con evidentes signos de agotamiento junto a otro grupo de coterr√°neos se sent√≥ un rato en el suelo para descansar.

Al un√≠sono explican que en Yaracuy no ten√≠an trabajo, pues la situaci√≥n en esa zona del pa√≠s es sumamente precaria, por lo que decidieron incluso salir con sus hijos a aventurarse en otro pa√≠s, sin miedo de no tener una profesi√≥n u oficio que los aseguran que en Colombia, Per√ļ y Ecuador se vive mejor que en Venezuela as√≠ sea de jornalero e incluso pidiendo dinero en las calles.

El camino recorrido por el Libertador Sim√≥n Bol√≠var durante la gesta independentista, hoy es usado para escapar del hambre y la desidia gubernamental. Desde muy temprano, en grupos peque√Īos comienzan a caminar. Antes de que el sol caliente y los agote m√°s, aprietan el paso para ganar terreno en tierras tachirenses. Ni√Īos de todas las edades tambi√©n sufren las consecuencias de las malas pol√≠ticas, pues dejan juguetes, amigos y hasta parte de su familia, para vivir junto a sus padres experiencias nuevas y poder tener oportunidades que aqu√≠ no podr√≠an tener.

Con algunos kilómetros de por medio, los grupos de caminantes van. Unos a paso lento, mientras que otros apresuran el andar para lograr llegar a puntos estratégicos de la vía y así procurar pasar a territorio colombiano.

Cruzan 3 estados

En San Josecito, municipio Torbes, se encontró el primer grupo de caminantes. Viajaban desde el estado Yaracuy. Tres estados deben cruzar estas personas para llegar al Táchira, lo que representa más de seiscientos cincuenta kilómetros de distancia entre ambas regiones y mucho camino por recorrer.

Este grupo ya llevaba tres d√≠as de camino, cuando se encontr√≥ con el equipo de LA PRENSA. Con sus ropas a√ļn mojadas por el fuerte aguacero ca√≠do la noche anterior, manten√≠an su paso. En unas mochilas no muy grandes, llevan lo poco que pueden cargar sin que esto represente peso extra durante el camino. Ropa, cobijas para el fr√≠o y comida, es lo que los acompa√Īa como equipaje a este grupo de caminantes.

¬ęNos toc√≥ salir as√≠ como nos ves, sin nada porque no tenemos nada. Pidiendo es que hemos podido solventar algo y siempre hay gente que nos ayuda, pero no tenemos nada de dinero para irnos¬Ľ, dijo Jos√© Prada, quien junto a otros cinco adultos y dos ni√Īos cruzaron los estados Lara, Portuguesa y Barinas. Asegura que piden para garantizar el alimento a los m√°s peque√Īos. Detallan que se vinieron guerreando, pues no ten√≠an nada para vender, pero s√≠ las ganas de dejar atr√°s el hambre que est√° matando lentamente a los venezolanos.

A la intemperie

Luc√≠a P√°ez, una mujer desempleada de Puerto de Cabello cont√≥ que cuando el sol cae, el grupo detiene el andar y se quedan donde ¬ęlos agarre la noche¬Ľ, sea en una plaza, parada e incluso en plena carretera. Acompa√Īada de una amiga, quien se identific√≥ como Beatriz G√≥mez, dijo que el poco dinero con el que cuentan es producto de la venta de sus tel√©fonos celulares, pues en Puerto Cabello no ten√≠an trabajo.

A esta situación se le suma que son robados constantemente tanto por delincuentes como por militares a quienes deben dejarles sus pertenencias en caso de no tener lo que cobran entre 10 o 20 dólares para dejarlos avanzar.

Ya en San Cristóbal, en la avenida Simón Bolívar, el equipo de LA PRENSA, halló un grupo numeroso de caminantes. Unos vecinos, otros amigos, salieron cuatro días atrás, a las cinco de la madrugada desde la ciudad de Maracay. La situación económica nuevamente retumba en este grupo, como principal motivación para emprender la carrera a pie..

¬ęNos vinimos porque no hay nada que hacer, no hay trabajo, no hay nada para nosotros¬Ľ, dijo Daniel, quien trabajaba como chofer de autobuses. Explicaron que no hay alimentos ni servicios que al menos garanticen el m√≠nimo de calidad de vida para ellos y sus hijos.

Durante la travesía desde Maracay, se han visto en la necesidad de pedir comida para saciar el hambre porque al no contar con un trabajo, no pudieron ahorrar y se vinieron sin dinero para costearse el viaje.

¬ęVendimos los corotos que ten√≠amos para reunir una plata. Computadoras, plantas el√©ctricas, televisores, todo lo que ten√≠amos para venirnos y en las alcabalas nos quitan hasta 20 d√≥lares por persona¬Ľ.

Con temor a dar sus apellidos, denuncian que ha sido una tortura el viaje, pues en cada alcabala, adem√°s de retenerlos, les quitan las pocas pertenencias y el poco dinero que tienen. ¬ęEs forzado venirse porque en otras alcabalas nos quitan la plata o lo que carguemos de valor. Nos quitaron una laptop que carg√°bamos porque si no, no nos iban a dejar pasar¬Ľ.

Hambrientos

Con rostros evidentemente cansados, aseguraron que se han mantenido alimentados a punta de pan, pues es lo m√°s barato que pueden comprar. Ojerosos esperaban encontrar un lugar d√≥nde hacer lo que ellos llaman ¬ęarroz con coronavirus¬Ľ, que no es m√°s que arroz con frijoles chinos, de los que dan en las cajas de CLAP.

Muchos ya saben a lo que van, ya que tenían un trabajo en Colombia y cuando visitaron a sus parientes en Maracay se decretó la emergencia por la pandemia y no pudieron regresar.

¬ęNos morimos de hambre. No hay gasolina, no hay gas, no hay luz, insumos en los hospitales, lo que uno gana no alcanza para nada?aqu√≠ no hay vida¬Ľ, dijo Mari Carmen.

De las minas

Con este grupo venía George Chirinos, quien más ha caminado de todos, pues viene de Boavista, Brasil, y va hacia Bogotá. Explicó que se vio en la obligación de ir hasta Carabobo para buscar documentos de identidad.

Chirinos dur√≥ dos a√Īos como minero en Santa Elena de Uair√©n, pero el costo de la gasolina no hac√≠a rentable el negocio. ¬ęAll√° una pimpina de 70 litros de gasolina val√≠a 250 d√≥lares¬Ľ.

Con un palo de madera que usa como bastón se apoya para caminar. Un accidente en la pierna le incapacitó parcialmente dicha extremidad. Sin embargo, eso no ha sido impedimento para caminar y mantener el paso. Su deseo de trabajar y de ver a su hija son fuentes de energías más que suficientes para él.

Varios kil√≥metros m√°s adelante iba un grupo de cinco personas mayores del estado Portuguesa. El se√Īor Edecio Villanueva indic√≥ que en su regi√≥n trabajaba como comerciante, pero la misma crisis lo llev√≥ a la quiebra.

Con paso lento han caminado durante cinco d√≠as con una ni√Īa de cinco a√Īos y un joven de 32 con condiciones especiales. Subiendo por la v√≠a hacia Capacho, como aun no amanec√≠a, no se percataron de una zanja en la v√≠a y todos cayeron al vac√≠o. Pese a las laceraciones y aporreos, no presentaron heridas de consideraci√≥n.

Pese a ser de edades avanzadas, tomaron el riesgo, porque ya no hab√≠a recursos para comer. ¬ęYo le voy a decir algo, hay una pandemia y por la que han muerto muchas personas, que es la pandemia de Maduro, no vamos a negar eso¬Ľ, dijo.

Por La Prensa de Lara

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