Por segunda vez los venezolanos se van huyendo de la crisis

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La maestra de educaci√≥n inicial Andreina Caro, retorn√≥ al pa√≠s ¬ępor motivos de trabajo¬Ľ pero ahora decide irse a Ecuador, ya que, a pesar de tener 13 a√Īos de servicio, el salario que devenga no le alcanza ¬ęni para el champ√ļ¬Ľ.

¬ęMe tuve que venir sin despedirme, porque el sueldo no me alcanza sino para dos productos y tuve que emigrar con mis hijos. Yo amo mi trabajo, pero la econom√≠a me arrop√≥¬Ľ, sentenci√≥.

Ese mismo caso se repite una y otra vez en muchos de los caminantes que a pesar de haber regresado al pa√≠s bajo promesas de mejoras y con la esperanza de fuentes de empleo que le permitieran mantener a su familia tuvieron que emprender nuevamente el viaje hacia Colombia e incluso, Per√ļ y Ecuador

Con los ojos puestos en una mejora económica para sí mismos y para su familia, los migrantes venezolanos emprenden un viaje lleno de incertidumbre, donde la necesidad y la voluntad se hacen más fuertes que el miedo.

Sin importar el d√≠a o el clima, se los puede ver caminando por la v√≠a que va desde San Crist√≥bal hasta San Antonio, con la intenci√≥n de llegar a otros pa√≠ses como Colombia, Ecuador o Per√ļ. Tienen hambre no solo f√≠sica, sino de superarse de una manera que en su propio pa√≠s se les hace imposible.

¬ęEn mi caso espec√≠fico tengo un ni√Īo con discapacidad¬Ľ, relata uno de los caminantes proveniente de Maracay estado Aragua, ¬ę√©l usa pa√Īales. Si le compro los pa√Īales, no les compro el alimento, si les compro el alimento no compro para lo dem√°s. Es rudo, es fuerte¬Ľ, confiesa.

Viaja en familia, llevando a su ni√Īo en una silla de ruedas. ¬ęMuchas personas te critican por lo que haces, pero no entienden que la situaci√≥n te obliga a hacerlo, por la mejor√≠a, por la de uno y la de la familia¬Ľ.

En un grupo de unas 15 personas aproximadamente, han estado caminando desde la madrugada del mi√©rcoles 7 de octubre y para algunos, a√ļn el camino es largo porque les falta recorrer cientos de kil√≥metros hacia sus destinos.

De casa en casa

Pidiendo de casa en casa a lo largo del camino se ha mantenido una manicurista de Valencia con 4 d√≠as de caminata. A diferencia del grupo anterior, a ella s√≠ le han quitado ¬ęhasta los zapatos¬Ľ.

¬ęDesde Valencia hasta aqu√≠ hemos tenido que dejar nuestras pertenencias. Zapatos, la mejor ropa, tel√©fonos, todo¬Ľ, lo que las ha obligado a pedir ayuda. ¬ęVenimos huyendo de la crisis que hay aqu√≠ en Venezuela¬Ľ, sentencia.

Una ayuda contra el abuso

En días pasados, funcionarios de seguridad a la altura del sector El Mirador obligaron a un grupo de migrantes a devolverse a la Avenida Marginal del Torbes para irse por Peribeca, un camino que no todos conocen y que alarga el viaje de los ya cansados migrantes.

Se pudo observar que para evitar pasar frente a los funcionarios ubicados en la alcabala de Puente Real, los caminantes toman un desvío bajo el elevado, a fin de no ser molestados.

Ante esto, la solidaridad se hizo sentir, como qued√≥ evidenciado en el sector de Santa Elena, en El Mirador, donde los habitantes acompa√Īaron a los caminantes para cerciorarse de que no fueran fastidiados y siguieran su camino por la ruta m√°s corta hacia la frontera.

Acerca de las ¬ęmatracas¬Ľ de funcionarios en las alcabalas aseguran: ¬ęS√≠ cobran, a nosotros gracias a Dios porque no llev√°bamos nada de plata, no nos han podido quitar nada, pero nos piden entre 5 y 10 d√≥lares y salvoconducto¬Ľ.

Por La Prensa del T√°chira

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